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Convenio de colaboración IMFE-Área de Bienestar Social del Ayuntamiento de Granada: PDF Imprimir

LA REINSERCION ES POSIBLE


Algunas personas, más de las que imaginamos, se encuentran en situaciones de grave exclusión social. Diversas circunstancias a lo largo de la vida, por voluntad propia o sin ella, pueden conducir a un estado de carencia absoluta de recursos del que es muy difícil salir. Es el caso de las personas sin hogar, de quienes se encuentran en régimen de privación de libertad o acaban de salir de prisión, de las mujeres que son objeto de violencia doméstica, de las que ejercen la prostitución, de muchas otras con severos obstáculos para poder incorporarse de nuevo a la sociedad en condiciones de igualdad.

Generalmente, son elementos comunes el escaso nivel académico, la falta de cualificación y experiencia profesional, la desestructuración familiar, la marginalidad… Todos estos factores dificultan la inserción, pero el más grave tal vez sea el estigma de haber estado “fuera de la sociedad”, tanto para la persona, que presenta bajos niveles de autoestima, como para la comunidad, que manifiesta severas conductas de rechazo y desconfianza, sobre todo en el ámbito laboral. La reinserción sociolaboral es en estos casos urgente y el empleo se convierte en el vehículo más rápido y seguro hacia la integración en la sociedad.

Haciéndose eco de esta preocupación, el IMFE acometió el objetivo de intervenir con la población más excluida para su reinserción laboral. Para ello, se hacía imprescindible la colaboración con otros agentes implicados: el Ayuntamiento de Granada y la Dirección General de Instituciones Penitenciarias. Desde el año 2004, mediante un convenio de colaboración, se están desarrollando actuaciones de orientación-inserción profesional, financiadas a la mitad por el IMFE y el Área de Familia, Igualdad y Bienestar Social del Ayuntamiento de Granada. Gracias a una dotación de más de 100.000 euros anuales, tres expertas en la inserción laboral realizan una labor especializada con los grupos de mayor riesgo y exclusión social: personas sin hogar, en régimen de privación de libertad, mujeres en situaciones de riesgo y colectivos especiales.

Su trabajo es constante y va dirigido en un proceso, largo la mayoría de las veces, a conseguir, en primer lugar, que estas personas tengan un cambio de actitud e iniciativa para la participación sociolaboral, que aumenten la autoestima y confianza a través de las propias potencialidades y el desarrollo de habilidades sociales. El siguiente paso es facilitar la asistencia a la formación y las prácticas, para su capacitación o reciclaje profesional a través de planes individualizados. A la par, mediante la prospección del tejido empresarial, el acompañamiento en el proceso de búsqueda de empleo, la promoción personal y laboral y, sobre todo, la constante sensibilización del empresariado, se consiguen contratos de trabajo.

Los objetivos fijados no son fáciles de conseguir y, por ello, producen tanta satisfacción los logros: que una mujer maltratada supere su baja autoestima, su estrés crónico, y ocupe un puesto de camarera de pisos en un hotel; que un inmigrante haya conseguido cualificación en mecánica industrial y, mediante un contrato de trabajo, haya regularizado su situación; que una mujer que ejercía la prostitución vuelva a tener una buena imagen y se sienta bien trabajando en el sector de ayuda a domicilio; que una persona con discapacidad severa se haya insertado laboralmente en distribución de prensa…

El caso de las personas sin hogar es especialmente difícil: la mayoría de estas personas se encuentran sin comida, sin dinero, sin poder darse una ducha; presentan ausencia total de una red social y familiar; han llegado, en muchos casos, al consumo de drogas, de alcohol, a contraer alguna enfermedad crónica. Antes de la búsqueda de empleo se han de cubrir estas necesidades y mejorar su salud con tratamiento médico. A lo largo de estos años de ejecución del convenio hemos tenido ejemplos claros de personas que, tras vivir varios años deambulando por las calles, han podido iniciar un itinerario de inserción sociolaboral, pasar por un proceso formativo y unas prácticas profesionales apoyadas económicamente, y encontrarse actualmente ocupando y manteniendo un puesto de trabajo. Son personas han podido reintegrarse a la sociedad y comenzar una nueva vida.

En el proceso de inserción de las personas con privación de libertad, pero en régimen abierto, se diseñan itinerarios de inserción que contemplan la asistencia a cursos de cualificación profesional (ayudante de cocina, fontanería, electricidad, soldadura) y la posterior participación en prácticas profesionales, donde las empresas pueden valorar el desempeño en el puesto de trabajo y relativizar su situación penitenciaria. La sensibilización hacia su contratación laboral constituye una de las actuaciones más relevantes del programa. Su evolución no suele ser lineal, pues se presentan situaciones que interfieren o suponen un salto atrás; circunstancias como llegada de nuevas condenas, adicciones no tratadas, o la vuelta a un ambiente familiar desestructurado, les hacen abandonar los procesos de inserción o empezarlos de nuevo. No obstante, hay ya muchos casos de éxito rotundo, como el de un joven, que tras la realización de un curso de conductor de autobús y la obtención del carné, consiguió tener una profesión y un empleo, el establecimiento de nuevas relaciones sociales, grupo de amigos, pareja…, circunstancias que suponen un cambio de vida, que afianzan las posibilidades de salir adelante, proporcionando confianza y autoestima. Constituye entonces una gran satisfacción que, cumplida la condena, se acerquen con “la intención de despedirse”, admitiendo que el hecho que los llevó a ingresar en el centro penitenciario nunca debería haber sucedido.

Son ya muchos los casos de reinserción que, año tras año, se han conseguido. En la vigencia de este convenio se ha realizado una intervención con 933 personas, de las que 221 eran personas sin hogar, 299 personas reclusas o exreclusas y 413 pertenecientes a colectivos de especiales dificultades. De todas ellas, 276 personas han accedido a un empleo, vuelven a ser, y a sentirse, parte de la sociedad y pueden ver horizonte en sus vidas. Otras muchas están en el proceso, porque la reinserción social es difícil, pero es posible. Imprescindible: el apoyo de las instituciones públicas.
 
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